Así era Moncha, madre de Alexia González Barros, vista por dos de sus hijos: una mujer culta y abierta, que supo educarlos en libertad; una madre de familia simpática, comprensiva, alegre y divertida, con una profunda fe en Dios.
Alexia aprendió de su madre muchas de esas virtudes humanas y cristianas, y se esforzó por vivirlas con responsabilidad personal.